está lejos, es el mañana.
Miro el cielo y veo las nubes
que me llaman,
pero para mi las nubes
Miro el cielo y veo las nubes
que me llaman,
pero para mi las nubes
ya están muy elevadas,
son pañuelos blancos
que me dicen adiós
sin pararse en la ventana,
porque saben que ya no flotaré con ellas
aleteando con ilusión mis alas,
ni me columpiaré
en las pestañas de la luna
ni en los flecos de las estrella,
ni en el volcán de cualquier corazón
pintado en el portal de la fantasía.
Preparo mis zapatos de invierno
los que se agarran bien a la tierra,
los que nunca flotan por el peso,
los que no se mecen en el vaivén
de una ola traviesa,
ni los que tropiezan en la misma piedra.
Hoy, no.
Quizás… quizás mañana,
o pasado,
o al otro, o al otro,
o pasado,
o al otro, o al otro,
cuando los colores de la utopía
me inviten a olvidar
el crepúsculo del tiempo,
entonces:
pintaré mi sonrisa de carmín
mientras me eleva el viento,
y me dejaré mecer
en los brazos de un pensamiento novelado
mientras escucho el son aterciopelado
de una guitarra caprichosa.
🎸
y me dejaré mecer
en los brazos de un pensamiento novelado
mientras escucho el son aterciopelado
de una guitarra caprichosa.
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