Mis humildes y sencillas letras, son las hojas de mi otoño tardío cuando comencé a lagrimear tinta sobre pensamientos huérfanos, desgranando amores y fantasías en la soledad de mis horas.



*Hacer versos malos, depara más felicidad que leer los versos más bellos* Hermann Hesse

*Soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabras de lo que digo* Oscar Wilde

LO QUE SE ESCRIBE AQUÍ NO TIENE PORQUE SER BIOGRÁFICO,
LOS PENSAMIENTOS Y LA IMAGINACIÓN SON LIBRES COMO EL VIENTO
🍂 SI BUSCAS ALGO TRASCENDENTAL, ESTE NO ES EL LUGAR. AQUÍ LO ÚNICO QUE TRASCIENDE ES LO INTRASCENDENTE.

28.4.19

Se olvidó

Se olvidó que le había olvidado,
y se sentó a esperar
en aquella terraza de los Campos Elíseos
donde tomaba café todas las tardes
a la sombra de un intenso verano.
Pensó en él como si fuera ayer.
Las nubes surgieron en su mente
y el corazón le palpitó tan fuerte,
que los encajes de su escote
se movieron ondulantes
como las olas de un mar sereno.

Su pensamiento se paseó
por tiempos ya pasado,
y su sonrisa y sus ojos brillaron
cual lucero en la noche.

Una mano le acarició el hombro…
-¿Me llamabas?-
pero al volverse nada vio,
solo una niebla baja que ocultaba la calentura del sol.

Se miró al espejo para retocar el maquillaje,
y las huellas de la vida
la devolvió al presente.
                                                                            
Y añoró lo que ya no tenía
                                                                                                   

22.4.19

Estas son mis manos


Este precioso relato es de una joven ganadera, e hija de un primo mío ya fallecido. Lo encontré en Facebook junto con otras reflexiones que edita en su muro, y como me pareció muy hermoso, aquí lo comparto para quien lo quiera leer.
En principio solo iba a editar el que sigue, pero luego encontré otro que me encantó…

Estas son mis manos




Estas son mis manos. Manos morenas por el sol y el frío, grandes, arrugadas y callosas manos de pastora, manos rurales, manos ganaderas que curan, que vacunan, que hacen nacer y dan de comer, que esquilan, que dan agua y mullen la paja dónde ha de dormir el rebaño, que limpian las patas sin temor a las llagas, que cogen la pala, la horca, la azada, la vara de fresno qué marca mis pasos, manos que no se arredran ante nada, manos que conducen, escriben, que dan cariño, que protegen, que pintan para dar forma a los campos, manos que te ofrecen todo lo que de su esfuerzo sale, manos que aplauden los actos que hacen mejor a este mundo de infinitas opciones.

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La muerte y la vida están tan presentes en este mundo pastoril, que difícilmente alguien ajeno puede entender nuestro punto de vista, aquí es mejor hacerse inmune al dolor y la muerte, pero valoramos tanto la vida como cualquier otra persona ajena a esta forma de vivir.

Os quiero contar un hermoso cuento.

El caso de Ruperta no era más que el de otro corderito nacido en una noche helada y abandonado por su madre. La encontré por la mañana y la di por muerta, empareje todos los corderitos nacidos esa noche con su madre e hice las tareas antes de salir al campo con el rebaño.
Antes de irme al monte, cogí la corderita para quitarla del medio y noté que se movía, tan levemente que apenas era perceptible, cogí una bolsa con un poco de paja y metí a la corderita dentro, después la introduje entre mi cuerpo y la cazadora a modo de incubadora.
Así marché de pastora.
Dándole calor con mi cuerpo y masajeando su corazón de vez en cuando paso una hora sin cambios, pero su respiración aunque levemente era más regular, a las dos horas empezó a moverse un poco y a las dos horas y media abrió por fin los ojos.

Me ha parido una oveja en el campo, y aunque Ruperta aún está débil y con la boca fría voy a intentar que mame un poco de calostro.
Su vida parece viable, y sí lo es, Ruperta se quedará en el rebaño, al fin y al cabo soy un poco su madre.

Charo G.B.

15.4.19

Nubes negras

Nubes negras en un azul intenso
se han fusionado con el silencio
de unas lágrimas,
encharcando el corazón
que gotea por la melancolía
instalada en el lumbral 
de una puerta rígida y pesada
con los goznes oxidados,
y que solamente la suavidad del cariño
puede abrir de par en par.
Llora la tarde en la sangre lenta
recorriendo espacios desconocidos
que se estrechan sin compasión,
mientras las sienes palpitan afiebradas
por la desilusión de unos días sin horizonte 
donde la perspectiva no existe,
donde el mar y la tierra no tienen lugar,
donde el sol y la luna
se enredan en un viento frío y sin luz.

Hoy en el aire,

la huella de la oscuridad se hace presente
abduciendo la energía,
a la vez que un suspiro 
rompe los silencios de la soledad.

Fluyen ideas para salir del ostracismo,

pero el fuego del volcán está apagado.

8.4.19

Arcoiris de emociones

Vestida de besos
y con la sonrisa pintada de carmín, 
quisiera lucir todos los días.
Iluminada como los luceros.
La piel suave como los pétalos.
La madrugada, 
intensa como la flor del naranjo.
El día luciendo primaveras,
y la noche,
estrellada de esencias naturales
como la selva bajo una lluvia que susurra.
Pero tengo en su lugar,
un arcoíris de emociones
que explosiona el aire
y deambula por ciertos parajes.
Otras, ríe y baila al son
de los pensamientos
con los que solo yo,
logro iluminar mi semblante
olvidando todas las falacias
que tratan de arañar mi circulo particular
y el espejo de mi sueño,
el que ilumina la oscuridad
y aroma el ambiente
dando sentido,
a ese arcoíris de emociones
que deseo permanezca siempre en mi
para sentirme viva,
dejando libre a la realidad de mi mirada,
unas veces dura,
y otras sensiblemente dorada
rezumando acuosidad.

3.4.19

Volveré a pensarte

Volveré a pensarte 
cuando el cielo se vista de terciopelo,
cuando las mariposas pueblen los jardines 
con sus armoniosos aleteos.

Volveré a pensarte
cuando los ríos fluyan sin descanso
entre la calentura del verano,
cuando la sombra de las montañas
caminen por los llanos.

Volveré a pensarte 
cuando no tenga pensamientos para olvidarte,
cuando las piedras hablen por los caminos
y los jarales.

Volveré a pensarte
cuando escriba con la mente novelada,
cuando por mis aristas el tiempo se derrame
y la pluma de escribir
deje de decirme, nada.

Volveré a pensarte, quizás,
cuando el viento baile en el aire
y la alborada grite en el borde de la noche,
tu nombre olvidado.

Volveré a pensarte, sí,
cuando tus palabras lluevan sobre mi,
acariciándome.