Como río que transcurre calmo por su cauce,
así son los días que vivo.
Serenidad, y una pequeña indolencia
que recorre todo mi cuerpo suavemente
cuando la soledad no me respeta.
Abro la ventana y miro al cielo,
está nublado y el sol no encuentro.
¿Será que el otoño llama a la puerta?
Una estación que en mi cuerpo y sentires
hacen mella.
Sin embargo, me gusta su paleta de colores
acuarelando el paisaje.
Y ese perfume a tierra mojada cuando llueve
que aroma los pulmones a hierba fresca.
Pero no me gusta que se caigan las hojas
que lucieron en primavera
dejando al árbol desnudo de su belleza,
mientras que en los suelos alfombrados
desaparece lo que un día fue
la piel que vestía su erguida firmeza.
Y es que me recuerda otras firmezas...
que también con el tiempo
se doblan y descuelgan.
¿O, será el otoño que me hace mella?







