
Cuantas veces pensé en ti sin conocerte,
¿o quizás te conocía sin verte?,
o te había visto distraída,
o quizás te vi en la luna de junio
cuando el verano comienza
entre los trigales verdes.
O tal vez te sentí bailando en abril
con las manos en mi cintura,
con tu mirada de azules campanillas
que sonaba al son de la música,
coloreando mi otoño enamorado.
Te imaginé y vi el sol y la selva,
te parecías a todas las estaciones
con tu aroma a hierba verde, a melaza,
a castañas, a nueces.
Tus labios ebrios de sed
y en tu mirada todos los colores,
colores que se diluían en ese momento
que la tarde pierde su nombre.
¿Quién eras, quién eres?
¿dónde habitas que siempre surges
cuando estoy linealmente anodina?.
Te pareces a la palabra imaginación,
una isla vacía donde te intuyo
desnudo de estrellas, pero iluminado,
con la pluma y un papel en la mano
mientras me seduces con atención
y con tus ojos color del mundo,
donde se encierran todas las letras
de los amores idealizados.



















