Vuelves a mis renglones
en este traslucir de la tarde
donde se van abriendo palabras
para una noche de candil,
silenciosa y oscura
como aquel nublado de abril
cuando tú me dijiste:
¡hola!,
¡hola!,
¿es por aquí, o por allí
el mapa de las corolas?.
Pájaros en cabeza loca
revolotean sin parar
picoteando en mi sentir
tranquilo y pausado
y ciertamente feliz.
Pero vuelves a mis renglones
en el traslucir de la tarde
y me dejas muda, silenciosa,
y con el corazón que arde
en la rima de un pensamiento
sin definir, ya que comencé
con una frase tirada al viento
en la que me enredo
y no sé como seguir.
y no sé como seguir.
Pero ante tal divagación
te he de decir… sí, a ti:
que eres la flor de mi pensamiento
con perfume de alelí.
Y quiero seguir cantando
como cigarra en verano
antes que la caducidad
me vuelva ácida
y crujan mis viejos zapatos;
hacer un descanso
en tus labios de noviembre
y en tus ojos color de invierno



















