
Hoy es uno de esos días (muy escasos, eso sí), que me besa la apatía.
El beso de Judas diría yo, pero no es que sea falso, es nocivo para el cuerpo, para el pensamiento que se viste de un gris que no es sinónimo de este día espléndido.
¿Será el otoño que ya se instaló sin sus colores?, ¿o será por otro año más sobre la piel cada vez más sombría y olvidada vista en el cristal colgado de la pared donde duermen las verdades, el que pone los pies sobre la tierra cuando se mira con atención?.
Hierve la vida en la calle, y yo, cruda, sin la cocción en su punto...
Quizás si esta retórica aburrida como yo misma me encuentro, la dejara para después, ya no sería invierno en mis pensamientos sino una primavera incipiente donde comiencen de nuevo las ilusiones perdidas en el transcurso del tiempo, donde el reloj se quedó anclado en figuras que hoy ya no son del mismo color.
Y a cuento de esta reflexión un tanto superficial, dejo este poemilla de un día, de un mes, de un año cualquiera, deshojando pétalos de evocaciones nostálgicamente perfumadas…
Vi las golondrinas
Vi las golondrinas pasar por mi ventana,
pero no eran las mismas
que vi aquella mañana.
Llevaban sueños en el pico
realidades en las alas,
volaban a sus nidos
donde los polluelos esperaban.
Pero no son las mismas
que vi aquella mañana.
Las de ahora son iguales,
tienen el mismo plumaje,
pero ya no llevan sueños en el pico
ni en las alas realidades.
Vuelan desoladas
al no encontrar su nido,
ya nadie las espera,
ya se pierden en la niebla del olvido.
Esto son latidos breves
en el silencio de la mañana,
que cantan en mis oídos
y aletean en mi alma,
donde llora el tiempo
y ríe la esperanza,
cuando pienso en ti vida mía
sin esperar nada.
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sin esperar nada.
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