Cuando la tarde languidece
y comienza la noche con sus ojos negros
visitando hogares solitarios
con un solo miembro,
todo se vuelve silencio.
Pero no ese silencio en los oídos,
sino el que daña el corazón
por falta de un amor eterno.
No hablo de amor físico…
hablo del amor que ocupa el alma,
el que acompaña,
el que comparte tus alegrías,
tus penas,
tus dolores,
tus desvaríos.
Ese amor consolador que siendo dos,
es uno…
Ese que encontraste en el caminar de la vida
y salió bien y completo,
el que se prometió hasta que la muerte los separe.
Ese que se fue y cumplió lo prometido,
el que te deja en la oscuridad.
Ese que ya no compartirás con palabras
pues se silenciaron sus labios.
Entonces ahí… es cuando la tarde languidece
y comienza la noche con sus ojos negros.
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