
El viento sopla aliviando el aire.
En el cielo hay calima
y el sol difuminado por un velo
engaña la calentura que se respira.
Canta la cigarra invisible
minimizando el son de una guitarra
que llora ausencias de un amor lejano.
Se cimbrean los árboles
como si bailar quisieran
la tonada de las cuerdas,
mientras el ojo humano
respira visiones que le serenan.
Calla la cigarra,
algo se acerca, sí,
es el silencio ¡tanto silencio!
que se oye el palpitar de un corazón.
Quizás sea el latido lento del río,
o el de un petirrojo que ha salido del nido
o un trébol que vive en la campiña,
o quizás, sea el mío no reconocido.
El viento sopla aliviando el aire
a la vez que llega la noche.
Los pájaros nocturnos
salen a picotear las primeras estrellas
de un firmamento sin luna,
donde la oscuridad seduce el misterio
de unos ojos sin voz
que presiento en la lejanía,
mientras el silencio se respira…
















