Después de un amable amago de primavera,
vuelve un frío que sonroja el cutis.
vuelve un frío que sonroja el cutis.
Tras la cálida ventana
la oscuridad de una noche rasa
besa los cristales.
Vacío el ambiente.
Solo los autos circulan
obedeciendo a los semáforos.
En los edificios,
brillan los ventanales como luciérnagas.
Son los hogares que caldean con amor
los pesares del cuerpo.
Abro la ventana y se me congela el iris.
Está helando.
Ya se aprecia una fina capa
en los coches aparcados.
Cierro las sombras de la noche,
y abro mi pensamiento.
Allí estás tú, como siempre,
con tus ojos color del mundo
mirándome fijamente.
La luz de mi hogar se apaga,
volverá a iluminarse
cuando el alba despida a la oscuridad
y el ritmo de un nuevo día
me sorprenda amablemente,
mientras el cielo se viste de azul y oro
para celebrar la vida.









