
Me fuerzo en mirar delante de mi,
y no veo nada para seguir escribiendo.
Se diluyeron todos los pensamientos
que en ocasiones se perfumaban de amores.
Los sentimientos se quedaron paralizados
entre palabras rotas
en un renglón níveo y frío de ausencias.
La tarde me acompaña
sentada en una noche estrellada
donde la luna se esconde a las miradas,
ocultando las fantasías
que en otras ocasiones
me inspiraban.
Se durmió el sueño del amor,
se hizo viejo,
o quizás se marchó
en el tren de la realidad
donde no caben las mariposa en invierno,
ni las flores que nacen en primavera.
Todo es puro hielo, tierra agostada, y,
no hay vestido de besos
ni zapatos de cristal
para pisar con garbo en el taller de las letras,
ni ojos nocturnos
que me miren con el color del mundo.
No hay nada,
yo no lo veo ni lo siento.
Mi perspectiva está de baja,
y aquí acomodada en el dorado ocaso,
no me llega el aroma de la inspiración
no me llega el aroma de la inspiración
ni el perfume de la savia...
… sin embargo,
la vida brota en los almendros.
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