El cielo abre su color
entre copos de nubes
níveas y grises
que florecen en un azul intenso,
bajo los rayos del sol.
El aire tiene aroma de primavera,
mientras paseo emocionada
en una mañana clara y ligera.
Me emociona este paseo
con un halo de nostalgia.
Un recuerdo de la niñez
al recorrer el lugar donde me crie
y observar mi antigua casa
todavía en pie.
La única que se mantiene
de aquella entrañable época.
La he visto preciosa,
pequeña,
como una mariposa
cuando revolotea
libando en su trozo de tierra.
He retrocedido en el tiempo,
y encontré a la niña feliz
jugando en esa calle,
que ahora, y como otras veces,
vislumbro con atención
los cambios producido en el tiempo,
y me inunda una dulce melancolía
que me produce
un suspiro de emoción.
Sigo caminando
el Paseo de la Dirección,
¡mi querido barrio!
muy cercano al actual,
mientras termino de contemplar
una amplia vista
que se veía desde mi balcón:
un horizonte ondulado
por la sierra de Guadarrama,
¡Madrid!
y el pecho se me ensancha de aire puro
al aspirar el ambiente donde crecí.















