
Tengo en el corazón dos caras
como la luna llena,
una blanca y otra negra
que me lleva por senderos perdidos.
Con una te quiero con dulce emoción
esperando ese abrazo que nunca llega,
con la otra te odio con ternura y pasión,
dejándome en suspense,
colgada de las nubes en el vaivén del tiempo.
Soy como río atorado
que nunca llega ni desemboca,
se pierde por llanuras extensas
que absorbe la tierra agrietada y sedienta.
Me siento mariposa extraviada entre abrojos,
sin saber donde posar sus alas,
y otras veces como mar bravía
agitando en el fondo las algas,
hasta amainar en la superficie
donde me encuentro plácidamente.
Y entonces te veo
en el estrecho sendero,
cada vez más largo,
y cada vez más lejos,
mientras mi crepúsculo
pierde las sensaciones de amar,
y los pájaros huyen en desbandada
de los sueños que se desvisten
en una realidad,
deshabitada de emociones.
en una realidad,
deshabitada de emociones.
































