En aquel lugar,
más allá del arcoíris
donde los pájaros ya no llegan
ni el viento sopla con fuerza.
Allí, donde la luz
se vuelve resplandeciente
porque cerca están las estrellas
compartiendo con la luna
un espacio sideral.
Allí mismo te encuentras tú
lucero del alba,
donde las partículas cósmicas
son flores que pintas
con la mirada
de tus ojos grandes
y pestañas rizadas,
que se cerraron sin mi permiso
ni el tuyo
en una noche fría y aciaga
de diciembre,
cuando todas las ventanas
de este lado de la luna
dormían profundamente.
En aquel lugar,
más allá del arcoíris
donde la luz
se vuelve resplandeciente
con los colores de tus pinceles,
algún día volveré
a llamarte por tu nombre:
Amor.



















