Vestida de besos
y con la sonrisa pintada de carmín,
quisiera lucir todos los días.
Iluminada como los luceros.
La piel suave como los pétalos.
La madrugada,
intensa como la flor del naranjo.
El día luciendo primaveras,
y la noche,
estrellada de esencias naturales
como la selva bajo una lluvia que susurra.
Pero tengo en su lugar,
un arcoíris de emociones
que explosiona el aire
y deambula por ciertos parajes.
Otras, ríe y baila al son
de los pensamientos
con los que solo yo,
logro iluminar mi semblante
olvidando todas las falacias
que tratan de arañar mi circulo particular
y el espejo de mi sueño,
el que ilumina la oscuridad
y aroma el ambiente
dando sentido,
a ese arcoíris de emociones
que deseo permanezca siempre en mi
para sentirme viva,
dejando libre a la realidad de mi mirada,
unas veces dura,
y otras sensiblemente dorada
rezumando acuosidad.






