Llega la hora de dormir,
pero una cadenciosa sinfonía
de cuerdas nostálgicas
despierta mis pulsos,
acercándome a una perfumada tarde de abril.
Paseo con la imaginación
aquel puente de los suspiros,
donde el río se detenía
para escuchar nuestros latidos,
¡pero no te encuentro!.
Se oye el viento en la oscuridad,
y el susurro del silencio
me informa sutilmente que no estás
porque eres un sueño incumplido,
navegante de palabras sin rumbo.
Los ojos se cierran,
y un vaivén acuna el pensamiento
en la noche de luna llena.
Entre la bruma duermo abrazada al eco
de una brisa con sabor a mar,
mientras la razón dice
que todo es perfecto,
*y lo es*
pero mi boca adormilada, sonríe,
sabiendo que te encuentras escondido
en algún lugar recóndito del corazón,
a la vez que la serenidad
duerme profundamente las pupilas
hasta un amanecer colmado,
de sol, agua y sal.



























