PABLO NERUDA
Déjame sueltas las manos
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión, sangre, fuego, besos
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tú no sabes lo que es esto!
ELDA
Sé de tus ansias,
¡fuego de volcán en el viento
que quema cual llamarada
por las caricias que dejaste en mi pelo!.
No me beses, todavía no ha llegado el momento,
los sentimientos son livianos
¡déjame!… pensarlo quiero.
PABLO NERUDA
Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y estás aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!
ELDA
No te acerques todavía, mi piel temblando está,
me da miedo quemarme en tu deseo
y en el silencio cuando oigo tu palpitar.
Quiero un amor sereno llegado del corazón,
no solo el fuego del frenesí
que se apagará como candil al viento
haciéndose humo los gritos de tu carne ardiente.
PABLO NERUDA
Déjame libre las manos
y el corazón, déjame libre!
Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,
es precipitación de furias,
acercamiento de lo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste
como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!
ELDA
No, a tus manos vestidas de deseos,
solo una pasión con sentimiento prenderá en mi,
el fuego.
¡Ah sus besos y caricias pensando en él!,
¡ah sus besos!
El que me ame en cuerpo y alma,
suspirará en mi aliento.
Mi negativa tienes a tus manos libres,
y el corazón libre te dejo,
mientras en ti no se funda el deseo con el amor
no habrá posible acercamiento…