La galería del alma
la tengo decorada
de plateados espejos,
donde se reflejan
todos los paisajes del tiempo.
la tengo decorada
de plateados espejos,
donde se reflejan
todos los paisajes del tiempo.
Los primeros burbujean
de colores intensos,
de primaveras cálidas
y revoltosas.
El aire pintado de besos,
la lluvia fina y silente,
y fuego en las nubes
en el azul intenso
cayendo en el horizonte,
a la vez que los días van cerrando
sus ojos de ensueño.
Los segundos, pintados de verano.
Un lirio azul esplendido,
y unas rosas que trepan perfumando
el ambiente de las horas, días, años.
Cariños, besos, abrazos,
risas y llantos.
Los terceros son colores tenues,
de horizontes cortos
y amaneceres tranquilos,
que se funden en las caricias del viento
susurrando al oído verbos
quizás inciertos
que ya no engañan al viejo corazón.
Los cuartos no están pintados,
pero serán paisajes
de mares profundos, misteriosos,
con un horizonte lejano
donde una goleta dañada navega
silenciosa, despacio,
sin ganas de cruzar la línea
al otro lado,
y dejar atrás los paisajes que pintó,
el tiempo.

















