
Bello, temible,
majestuoso se eleva al cielo.
Sereno, activo
con sus lenguas de fuego
que escupe como dragón furioso
caldeando los pies de los blancos velos,
para después deslizar su magma victoriosa
y engordar sus laderas escombrosas,
donde la vida brota,
mientras duerme...
mientras duerme...
Mongibello,
nombre que en su país le dieron.
Nacido en tierra siciliana,
el mar Jónico le observa
pendiente de su actividad volcánica.
Cuando la tierra se descompone,
abre sus cuatro bocas
tiñendo de rojo fulgor
su falda voluminosa,
dando luz y color a la lejanía
mientras el sol y la luna
expectantes, le miran.
Ojos viajeros se acercan
para ver su vestido de pedrería,
y esa fumarola constante
que advierte:
¡cuidado!,
¡cuidado!,
por si despierto en este instante…
Monte Etna,
activa elevación suprema
que mira desde el perfil de su isla
a todo el que le observa.
👀
👀
Admirando la inmensidad de la naturaleza,
voló sin permiso la imaginación
en pos del cálido viento,
y un perfume a menta y limón
inundo mi paisaje particular…
desconectando mi visión
por un momento,
y mi sentir te dibujó
como siempre,
como siempre,
en mi pensamiento.



















