No me mires tristeza,
no vas a encontrar mi corazón
ni tampoco mis ojos,
ellos miran la belleza de estas tardes cálidas
paseando por las callejas.
No me mires tristeza,
hoy no vas a seducirme con tu languidez,
ni la apatía solapada
tras la sonrisa de una pereza.
Los amaneceres son dorados y azules,
las nubes no se atreven a salir
porque el sol es el rey del tejado de mi cabeza.
Los jardines están poblados de gorriones
que cantan picoteando en la hierba.
En un rincón un banco me llama disimulado
para que le cuente mis pensamientos,
pero mi atención no se presta.
Hoy quiero mezclarme con la gente,
perderme en su compañía ficticia,
sus risas, sus habladurías sin prisas;
oír el murmullo de la ciudad que despierta
olvidando la apatía de los días grises…
que nos trae la naturaleza.
No me mires tristeza,
porque hoy me calzo las sandalias
para caminar por los ríos de asfalto,
donde siempre hay vida… humana.
No, no me mires tristeza,
hoy visto de colores
aunque la puntilla de mi falda sea negra.













