Se me han acabado las palabras para escribir en papeles de seda con tinta azul brillante y hablar de fantasías, de recuerdos, del mosto y del vinagre del camino, de la felicidad y nostalgias, y de todos los sentimientos propios o inventados pero casi siempre buenos porque así lo he querido y quiero.
Hoy solo me quedan palabras para maldecir... para maldecir a todos los terroristas del mundo, a los que han provocado la masacre en nuestra ciudad vecina. Europa está de luto porque todos somos París.
Estos dementes yihadistas, cucarachas repartidas por gran parte del mundo, con su mano asesina mata indiscriminadamente.
Estos días solo me quedan palabras para desearles lo peor, y ojala explotaran todos con su propio cuerpo el que usan como arma letal, en cualquier lugar desierto donde su sangre no salpique a ningún inocente.
París, lloramos contigo.














