
Viene la noche con la oscuridad latente
alrededor de una luna llena.
En los hogares se encienden los candiles,
y los ojos felices brillan cansados
esperando el encaje de una sonrisa.
Fantasmas se dibujan en las paredes
de la habitación solitaria,
bailando en el espejo de un armario
desvencijado,
y una cama
de cuatro patas astilladas.
Pero no importa,
pronto llegará su amor,
y comerán pan y tocino
mientras sus corazones laten
al unísono,
hasta un amanecer rojo
entre toscas sabanas,
que se volverán de muselina
para sus enamoradas almas.
No necesitan riquezas,
sus pieles están bordadas
con hilos de oro…











