Se desplaza mi mente
más allá de las montañas, de los ríos,
del horizonte en la tierra con el cielo,
del cielo con el mar.
Allá donde nunca llego ni llegaré
porque donde estoy,
no me encuentro mal.
No quiero explorar nuevos arcoíris,
ni etéreos paisajes con su luz cegadora.
Solo quiero estar aquí perenne
entre lo que soy y conozco,
donde se iluminan cada día mis ojos
al contacto con mi entorno,
con los seres que han salido de mi,
con mi corta visión de lo que he vivido,
y vivo.
No quiero purificarme con el aire superior
ni con los momentos estelares,
Soy, lo que soy, pegada a la tierra
con mis zapatos de diario,
los más cómodos de calzar,
de los que solamente me despojo
para ponerme las alas y emprender vuelo
a lugares que no caben en mi realidad,
y con estas voladas,
fantasea mi mente.
Pero siempre vuelvo a mi hogar
rica de sensaciones,
para poner literalmente
punto final a mis emociones,
y seguir caminando
donde la realidad brota,
con espinas y flores.






















