a estas horas de la
tarde.
Las calles mojadas y
vaporosas
se encuentran vacías,
solamente los
semáforos
hacen guiños a la
ausencia
esperando la
anochecida
donde fluya el gentío
aliviado por una
suave brisa.
Se encienden las
farolas a media noche,
y palpitan vida las
plazuelas.
abiertas a la
oscuridad,
y el cielo copado de
nubes
tiene ganas de llorar
al escuchar una
guitarra
que canta nostalgias
de un viejo amor
en manos de un
anciano
tras los cristales de
su habitación,
donde los recuerdos
de un ayer
acuarelan las paredes
blancas.
La guitarra calla,
duerme,
y la oscuridad muere
con un relámpago
que grita una luz de
esperanza
mientras el sol
incipiente,
tatúa las nubes de
amarillo rosáceo
con la suave brisa
del amanecer
que invita a
cobijarse,
bajo el sueño de unos
ojos nocturnos
con mimos en la
mirada.





