Amanece tras el monte,
y se avivan los colores en la pradera.
Despiertan las azules campanillas
cerradas en la noche,
y despiertan los pájaros trinando amores.
Todo reluce con los rayos del sol.
Las gotas de rocío en el campo
brillan con tonos irisados
jugando entre la hierba.
Crecen margaritas en los caminos de tierra
regalando su esplendor a la naturaleza.
Canta con manso ruido
el agua corriente y clara del río,
mientras su caudal entre las piedras
hipnotiza la mirada.
El vuelo de una libélula distrae mi atención
cuando planea sobre las piedras mojadas.
Es la primavera que palpita
en un corazón de invierno,
y pienso con nostalgia y alegría:
otra estación más surcando la piel…
recorriendo las mismas huellas
hacia los campos de mies.
El viento en el aire revolotea
y salta de flor en flor
recorriendo el mapa del lugar,
mientras su brisa me besa.
Me dejo acunar
por los latidos del momento
a la vez que doy gracias a Dios,
por regalarme todo lo que tengo.
¿Mas, dónde me llevó el pensamiento
en este ambiente primaveral de colores?,
eso queda en mis adentros,
mientras suspiro escribiendo renglones.














