Cada palabra tuya,
evoca un recuerdo en el pensamiento
naciendo flores en mi corazón.
Miel amarga el sabor de los días que no te encuentro,
nube oscura la soledad de mi alma sin ti.
Te espero en el recóndito hueco de los brillos azules,
donde el color se pierde cuando tu verbo no escucho.
¡Ven amor, no te demores!,
el tiempo con sus cortas horas desaparece veloz
como el agua que resbala entre los dedos,
no hay retorno, ni vuelta atrás,
todo se pierde en momentos no vividos,
¡Vivámoslos pues!,
alrededor de los ojos verde de la esperanza,
la que mira por encima del arco iris
y se deja abrazar por las nubes,
mientras da vueltas la ruleta…
Quizás aún tengamos tiempo
de hacer un broche de pieles,
prenderlo en las agujas del reloj
y que no marque las horas,
mientras nos miramos dulcemente.














