Un beso llega por la orilla del río,
animado por el viento,
prendiendo en mis oídos
murmullo de flores de sus labios a los míos.
A mi llegó de noche,
pero la noche es oscura
y no logro notar la caricia de tal dulzura.
Miro la luna, por si ella me lo ha robado,
pero solo veo su cara oculta
detrás de los enamorados.
Tras ese beso voy,
su perfume me llama,
sigo el camino del río pero el camino se acaba
y el aroma sigue besando mi alma.
¿Dónde está ese hombre escondido?.
Él, me sopla esa caricia que ha hecho eco en mi oído,
como un repicar de campanas
y estoy segura de no confundir el sonido.
Lleva vibraciones musicales
de notas ascendentes que llegan al “si“,
y esa es la que yo quiero, junto con la de “mi“.







