Mirando en la profundidad
donde nunca miro
porque me produce vértigo
y está oscuro,
siento que todo termina,
que la oquedad se hace presente
en el túnel del tiempo
y el precipicio se aproxima inexorable.
Una sensibilidad desconocida
me estrecha el conducto de la ensoñación.
Es un verbo que ronronea en mi oído
espeso de realidad
donde no quiero poner mis pies voladores.
Deseo encontrar mis viejas alas
que me lleven donde lo único que importa
es la salud y la felicidad.
Donde los éxitos y fracasos no existan,
ni los pobres, ni las rencillas,
ni los prejuicios, ni los rencores,
donde solo haya claros en las sombras,
donde el amor apague el fuego
de cada corazón encendido por la vanidad
y el deseo de opulencia.
Donde las miradas sean la miel de lo amargo,
donde los besos y abrazos
sean el vestido diario.
Y donde el amor sea la luz permanente.
.
De pronto,
me llama la atención un pajarillo
en el alféizar de mi ventana
picoteando insectos en la luna…
y me rompe el hilo
de esta fantasía inverosímil
como ninguna.
Salto a la realidad y recuerdo:
que todo lo limpio... se ensucia.
No necesito mirar en la profundidad
porque lo real, está en la superficie,
donde se mueve el mundo
y muere la vida.





