Los ojos me duelen de tanto mirar al destino.
Con los parpados entreabiertos
presiento un futuro vacío.
Vacío de palabras,
vacío de bullicio,
vacío de momento íntimos.
Simplemente… vacío.
Presiento, dolores en el cuerpo,
dolores en el corazón,
y dolores en los labios faltos de amor.
Con una maleta en la mano
como paloma viajera, de nido en nido,
para abrigar la soledad de los años nevados
por la edad que vendrá,
atorando todos los momentos
que se vivieron en la propia libertad.
Mama no te levantes tan pronto…
mama no te acuestes tan tarde…
mama siéntate ahí y no hagas nada,
mama come,
mama no comas tanto que te sentará mal.
¡Qué pena!, volveremos a ser hijos
en el mejor de los casos,
o...

jajaja, riamos, no queda otra

o...

jajaja, riamos, no queda otra












