Con los ojos abiertos,
camino por los senderos que me regala la vida,
para no perder nada
que pueda producirme una ilusión.
El tiempo corre en contra,
el sendero se inclina cuesta abajo
y la velocidad del reloj aunque igual,
va más deprisa.
Quizás no haya tiempo de ver
lo que con la mirada, no vi,
nimio pero intenso.
Paisajes que pasaron como gota de agua
en el resbalar de un cristal cualquiera.
Hoy,
puedo ver como ríe el sol en un charco,
puedo ver como ríe el sol en un charco,
como el viento riza las nubes,
como la luna llena brilla intensa,
y como el mar canta
y deja su espuma blanca sobre la arena.
Los balcones vestidos de flores,
el río que fluye por la alameda,
la ciudad llena de zaptatos de colores
por sus aceras.
Simple y bello, como la vida misma,
según el color de la mirada,
casi siempre pretérita en su nacimiento.




















