Es mentira lo que escribí aquel día,
no se si a la vera del río entre los álamos
o en aquel parque lleno de rosas
sentada en un banco.
Ya no recuerdo el paisaje
que acariciaba mis pensamientos,
solamente recuerdo que escribí
algo que no sentía,
porque en aquel momento,
los pájaros cantaban una sonata
desconocida que me cautivó.
Una pluma que bailaba en el aire
cayó en el pliegue de mi falda,
y sin tinta ni papel,
escribí en el viento dos palabras:
-Te quiero-
y volaron despistadas, sin dirección.
Volví a verlas en las alas de una mariposa
que se posó en mis dedos,
y las borré con el aliento de mi boca.













