Salí de mi jaula rosa
para tocar el cielo con mis dedos blancos,
con una pasión roja
que salía de mi corazón.
Pero al llegar a lo alto de ese azul claro
se tornó gris, porque creí dilucidar
un amor otoñal lleno de colores del atardecer,
donde un tono naranja me deslumbraba
metiéndose en mi alma negra,
que poco a poco se desgranaba
como lluvia amarilla
inundando mi ilusión de color verde.
Hoy mi esperanza se tornó añil,
porque mi amor no caló
en el amor que yo esperaba.
Y así, morada de pena,
me recojo en mi jaula como cera de cirio
que se derrite en Semana Santa,
vestida de nazarena…











