
No llegó la misiva,
ni llegó lo que esperaba,
y lloró el cielo, los ríos crecieron,
y el mar enfureció
a la vez que las olas besaban la playa
mojando sus pies descalzos
en una tarde de otoño,
cuando las caracolas
cantan melodías de amores,
y ella, enamorada de la luz
mira como se va apagando
la farola en una noche quebrada.
Las gotas que el viento roba al mar
azotan su rostro recordándole,
que la risa del sol llegará en el alba,
cuando sueñe envuelta en hilos dorados:
que él se acerca y le coge de la mano,
para perderse más allá de la lluvia
cerca del arcoíris de sus labios,
esos que tan dulce le saben
y le hacen palpitar sin haberlos besado.










